[ACTUALIDAD]
Taller Atrévete a cruzar el Umbral 3.0 2020/21. Realización del ciclo de talleres de creación literaria para los alumnos de Bachillerato y Ciclo Superior cuyo objetivo es dar a conocer la obra de Francisco Umbral entre los más jóvenes, así como fomentar la lectura e introducirles en la producción literaria a través del artículo. realizado el ciclo de talleres de ...
[RECIENTES]
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EL ARTÍCULO [del día] 31-10-1992, EL MUNDO
El Bukowski español
La enseñanza de Bukowski, como antes la de Henry Miller, es que existe un sexo natural, espontáneo, siempre presente y siempre violento, en el hombre y la mujer, explicado en un verso de Neruda: «Como los animales que fornican directamente». En esta religión profesa Luis Otero con fervor priápico y sabiduría literaria. Dijo Rousseau que el hombre es bueno y la sociedad le hace malo. Paralelamente, podríamos decir que el sexo es bueno y el erotismo y la galantería lo pervierten, o sea la cultura. Esto será o no será así, pues que en los animales se da mucho el cortejo erótico (cola del pavo real), pero sí es verdad que, por debajo o al margen de nuestra sexualidad cansada, enfermiza, doliente, aquejada de literaturas, racionalizaciones, freudismos, convenciones y reconvenciones, subsiste una sexualidad pantagruélica, directa, violenta e incesante, que está en Rabelais, Boccaccio y tantos otros, hasta hoy. Es saludable, es lustral y vital que contra el sexo codificado de Occidente (y de Oriente) se erija de vez en cuando, devolviéndonos al origen de las cosas, una mística de la sexualidad abierta, simultánea y total. Es lo que Miller, Bukowski y ahora Luis Otero tienen de oxigenante. Es lo que esta novela tiene de ventarrón sexual, de reencuentro con una elementalidad (utópica) que hace a todos los hombres garañones y hace a todas las mujeres fáciles (de concesión y de orgasmo). En estos tiempos de sexualidad pervertida por el intelectualismo o la comercialidad, parecía inminente la respuesta fálica y clitoridiana de unos hombres y unas mujeres (novelescos) que hacen el amor con la urgencia, la gracia atroz y la violencia de esta novela. Un poco olvidado ya Bukowski (ahora Juan Diego nos lo devuelve en teatro), Luis Otero renueva la tradición a que venimos aludiendo con un libro que es una gavilla de fábulas sin amor, como la de Cela. Sin amor, pero con mucha cama. Jóvenes, viejas, conocidas y desconocidas, incluso parientes, o casi, toda clase de mujeres, cualquier cosa que sea mujer, le ofrece al narrador la continuidad de susecuencia sexual inagotable (incluso una mutilada, coja hasta la ingle, mutilación que, naturalmente, estimula a este fornicario vocacional y utópico). Utópico, repetimos, porque uno de los paraísos perdidos con que ha soñado siempre el hombre (y la mujer) es, no ya el del amor libre, sino el del amor demagógico, la masturbación y la fornicación que no cesa. Quizá nunca fue así ni existió ese paraíso, pero la verdad, intensidad, gracia y verosimilitud con que Otero lo presenta, convierten esta novela en lectura saludable para liberarse un poco de tanto atalaje metafísico como hoy restringe nuestra vida sexual. Liberados de la coacción religiosa, hemos caído en la coacción intelectual. Por eso, en este libro/revolución, tan importante como el falo y la vagina es el humor, el buen humor de ellos y ellas, y sobre todo del narrador, en la mejor tradición del erotismo boccacciano. Ha nacido un nuevo clásico de ese noble y antiguo género que es la pornografía. El barroquismo un poco arcaizante de la prosa consagra al escritor y lo que cuenta.


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