Artículos Francisco Umbral

A Pilar


A Pilar Saramago por sus palabras sobre Chiapas) Estoy mirando Chiapas en los mapas del hambre cuando llega tu voz, Pilar, Pilar, con el pálido fuego de los jóvenes, con la bella violencia de las hembras. Ya ves lo que hay, Pilar, y qué decirte, buscan a un cura, buscan a un soldado, buscan a un niño para hacerle sangre. Y allá la Gran Chochona, Octavio, Octavio, descifrando con etnias el problema, al servicio blindado del Gobierno, y allá aquellos aztecas prevenidos, pasados por cien siglos, mestizajes, o puros como el ángel de la sangre, cuajando el machetazo que les pegan, cicatrizando al sol su hambre y su herida. Méjico es una tierra de guitarras, de dioses repetidos, llano en llamas, Méjico es una tierra de cadáveres que reparten los frutos soleados de un tiempo numeroso, país de pobres, pero estaban los gringos, carroñeros, estaban españoles imperiales, alma churrigueresca de oro y mierda, y de allá vino Valle alborotando porque han hecho de Méjico, muchacha, un Casino de pueblo de los fuertes, una desconocida dictadura, democracia de esclavos y caballos, terratenientes con la fusta de oro, la religión consagra la pobreza como un cielo de harapos y castigo, la religión cultiva entre la gente el fruto del dolor, la sumisión, el imperio callado de los jefes. Viva Villa reinando en color sepia, una foto de piedra en cada casa. Viva Juárez, indito zapoteca, viva Zapata, viva los cuatreros, los cuatreros de Dios que traen un arma que empuña la impaciencia de los indios, el nativismo no es etnología, sino la tierra misma, viva y dura, la tierra vertical contra el DF, la tierra con espinos y canciones, la tierra con bandidos y leyendas, la tierra de los justos y los muertos. Mira, Pilar, las chiapas de Chiapas, toma una chiapa, toma una pimienta, y déjasela a Pepe en la cuartilla para que escriba como al rojo vivo, y que su prosa, siempre macho y puño, se encienda con la luz de la pimienta, y que su prosa diga, tan picante, la ortografía real de lo que pasa. Guarda esta chiapa, chica, que te envío, en tu mejicanía tan sevillana, Méjico es otra vez Andalucía en el lado de acá del sufrimiento. Dictadura de siglos, el gran PRI, el sarape del tiempo esconde niños, pero vienen los jefes y los matan entrando en las iglesias con su fuego, crucifijos en llamas, Dios en fuga. Una revolución pinta en el aire epifanías y literaturas, pero no quiere el yanqui caballuno, pero no quiere el blanco, el funcionario, el que moja en la tinta una gallina y con tal pluma escribe leyes falsas. No voy allá, Pilar, no voy allá, no hago turismo por mirar el hambre, no colecciono estampas ni tiranos, no saludo a Zedillo cuando pasa con zapatos de plata tinta en luto. Pilar, Pilar, Pilar de Saramago, tenedme con vosotros en el viaje, llevadme como pluma, cual pistola, calderilla en palabras, un español culpable, rezad por mí en Chiapas a los santos antiguos, quiero besar un indio en su frente de niebla y decirle que España se avergüenza de aquello. España es una espuela de oros mal avenidos, España, una rodela de viejos violadores, Méjico es otra España, pero con muchos dioses, y tú Pilar, muchacha, Pilar de Saramago, con palabra andaluza, con tu estrella en la sangre, mándame más palabras duras y bautismales, cógeme una chiapa, como rubí del pueblo, y un gran ramo de sangre para rezar con Chiapas.

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