Artículos Francisco Umbral

Kronen y movida


La movida fue una cosa transicional, alegre, creativa, más libertina que liberal, llena de incentivos, ideas, iniciativas, modas, nuevas dimensiones y nuevas canciones. La movida, invención de aquel viejo brujo y sabio, santo y rojo, Enrique Tierno Galván, supuso un despertar de las mocedades españolas, motivado en la recental democracia de entonces, con teatros de cámara, títeres intelectuales, amor y libros en el Retiro, filosofía pura en Malasaña, por la palabra y el entusiasmo de García Calvo, arte nuevo, diseño nuevo, libertades nuevas y un vivir el día y la noche en la calle, como los griegos aquéllos. Kronen, los chicos de las Historias del Kronen, es decir, la generación siguiente, no dan nada, no toman nada, no tienen nada, no quieren nada, son una generación que se aburre mucho, unos chicos que no juegan, viviendo entre videojuegos, que no se enganchan a nada, estando enganchados a todo, que no van da nada, yendo a todas partes, que no se cuelgan con la cultura ni con la orgía (todo lo más se cuelgan de un puente, como gilipollas). El vértigo, el riesgo tonto, la gamberrada triste, todo eso es lo que hacíamos nosotros en el cuarentañismo, cuando nos habían amordazado la frente para que no pensásemos. Vivimos nuestra balada de gamberros, como éstos, sólo que con menos motos y menos pasta, pero follar ya lo creo que follábamos, que nadie se ha pasado aquí 400 años oyendo cantar a un mirlo, al propio mirlo. Después de la generación inquieta de la movida, que dio, en lo intelectual, a Savater y los columnistas, a Almodóvar y todo el cine joven español, a los neonovísimos, los postmodernos y otras tribus urbanas de la inteligencia, después de todo eso, digo, el retroceso hacia el gamberro de los 50 es como uno de esos retrocesos de la especie que estudian los antropólogos, como si el hombre volviera al mono, como esos casos que se dan de culturas detenidas, aisladas, fósiles. Los chicos y chicas del Kronen son la pura nada que se aburre. Se aburren, luego existen, y pare usted de contar. Han sustituido la imaginación por la velocidad y la creatividad por la gamberrada. Están hechos de fines de semana y litrona. Mañas, el autor de Historias del Kronen, le decía a Raúl del Pozo: «En las novelas actuales la gente tarda cincuenta páginas o más en echar un polvo. En la mía se echan tres polvos por página». Eso es, ahí está el detalle. La movida fue un renacimiento de las culturas del sexo, de las demoras, del sexo como lírica, poética y política. Lo de éstos es la mera aceleración hacia la nada, la urgencia degenerada en prisa, y me recuerda lo de los hermanos Marx: «Vamos, vamos, más de prisa». «¿Y por qué tanta prisa, si no vamos a ninguna parte?». «Pues entonces, echemos a correr y acabemos con esto de una maldita vez». Van de prisa a ninguna parte y en el fondo quieren correr y corren para acabar con el fin de semana de una puta vez, porque tienen un globo de aburrimiento, un cuelgue de falta de imaginación, un colocón de ausencia de curiosidad. Lo que más coloca es el aburrimiento, ese mal rollo. Naturalmente, ellos no son culpables de nada. La democracia se ha respetado aquí, pero no se ha hecho creadora. El socialismo no ha socializado la inteligencia, las costumbres (incluso las malas costumbres), la curiosidad. Nuestros gobiernos han ido cultivando, incluso con el ejemplo, la cultura del dinero, el consumo tonto, la prisa sin prisa, el mariocondismo, el «ya hemos llegado» o Estado del Bienestar entendido como estar regular. Toda la política son los viejos y los etarras. De la juventud no se ocupa nadie. Pero la juventud sólo es un trámite hacia otra cosa, y estos chicos tienen complejo de Peter Pan, no quieren crecer, al mismo tiempo que les asquea ser jóvenes. Les hemos dado una Harley-Davidson para que corran y nos dejen en paz. Hasta el ostiazo.

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