[ACTUALIDAD]
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EL ARTÍCULO [del día] 01-08-1997, EL MUNDO
Piscina, gatos, agosto
. Siempre he soñado y soñaré un verano con veraneo. Me gusta incluso el verbo veranear, que sugiere hacer del verano un oficio, un infinitivo, un porvenir de idas y venidas. El gato está en la ventana azul con sus orejas vivas y sus ojos amarillos. Es un gato común europeo, con las rayas en su sitio. Dentro de una raza tan extendida y tan vulgar, se puede distinguir la pura raza de los mejores, lo cual entre hombres sería racismo, pero cuando tratamos de gatos no es sino franciscanismo. Dijo Voltaire que los hombres en general no somos sino judíos con prepucio. Digo yo ahora que los gatos no son sino tigres que les gusta la mortadela. Otero Besteiro vivía solo y tenía muchos gatos en el jardín salvaje. Había aprendido de mí a amar los gatos. Cuando murió, yo veía todas las noches de verano (murió en verano) consteladas de gatos que se habían quedado allí, aquí, encerrados y hambrientos, como un planeta de gatos, como un cometa de gatos cruzando agosto. Agosto venía por agosto. Era morena y adolescente y por eso la llamé Agosto, claro. Le gustaba estudiar los números más que las letras y bañarse desnuda en la piscina. Le gustaba conducir el viejo automóvil descalza, casi desnuda, llevarlo por barrancas y desgalgaderos donde acabó destrozándolo. Agosto era gata a su manera y cuando se iba, en septiembre, llevaba en su piel fina todo el oro de agosto ennegrecido. Pero el jardín ya no se acuerda de Agosto. El citroën viejo que ella destrozó debe estar con el esqueleto debajo de alguna urbanización reciente, como esos cadáveres que los asesinos echan al cemento para poner un rascacielos encima. Era un citroën geese del año el cólera, con historia familiar y muy elegante para aquellos tiempos. Ahora no. Ahora lo que hay es un opel blanco y pequeño que sólo sirve para los recados. Está en el garaje con las cosas de Paco. Yo a Paco le doy los puros que me regala Ramón Tamames. Paco siempre va de puro, tiene algo de catarro y yo creo que es de derechas, en el buen sentido de la palabra. Paco va de puro hasta cuando siega el césped o poda los árboles. Lo cual que el magnolio tiene ahora por agosto unas flores blancas y esbeltas como novicias de hábito blanco. Huelen como efectivamente suelen oler las novicias cuando se lavan al alba, cometiendo el inevitable pecado de desnudarse. El cielo de agosto debe estar lleno de magnolias, novicias desnudas, gatos de Otero y sandalias de Agosto, que es que las perdía siempre por cualquier lado. La gata siamesa es otra cosa. La gata siamesa sabe que es gente bien y alterna poco. Las urracas le pican entre las orejas, pero ella mata alguna urraca de vez en cuando -las pilla dormidas, a ver- y me la trae en la boca. La deja aquí, junto a la máquina de escribir, como un trofeo, como el mayor homenaje que puede hacerme. La gata tiene los ojos grandes y de un azul siamés o verde o pardo, según. Le gusta inclinarse en la piscina, hasta ponerse casi vertical, y beberse el agua con cloro. Yo creo que está flipada de cloro. Por eso duerme tanto, no sé. En la piscina se bañan más las mujeres que los hombres. También a Olga, tan rubia, tan sueca, tan delgada, le gustaba bañarse sola al atardecer. Lo cual que ahora la han suspendido total y se ha pasado cinco horas llorando, ahora es que suspenden mucho, la selectividad y eso. Mi verano ideal sería pasarme el verano en vaqueros, sin quitármelos ni para dormir. A las mujeres les gusta más eso del agua y todo lo que sea quitarse ropa. El cemento de la piscina se ve abriendo por todas partes, pero se le da una mano de pintura azul y tira otro año. En mi verano ideal yo escribiría una novela para un premio que luego no me darían, pero yo no me pasaría cinco horas llorando, sino que me presentaría a otro premio. Los amigos vienen y me traen whisky y noticias de Madrid. Chismes del adulterio y la política. Es increíble la cantidad de adulterios que produce Madrid en un mes, y eso que ha salido mucha gente. Los madrileños, desde aquí, parece que no hacen más que follar. Bueno, también fabrican expedientes y ponen pólizas y salen por la tele, pero ahora están casi todos de vacaciones. Me he fijado y ahora se dice más vacaciones que veraneo. La palabra veraneo se ha quedado un poco antigua. Suena entre alfonsina y donostiarra. ¿Se sigue veraneando en San Sebastián igual que cuando las fotos de mamá? Tengo que preguntarle a Carmen Gurruchaga, que es de por allí y muy guapa, con cierta belleza de hombre que fuese mujer, bueno, yo me entiendo. Las grandes damas se bañan en mi piscina con toda naturalidad y con cualquier trapillo, pero es como si estuviéramos todos en Marbella con Camilo y Raúl, mirando el culo de las suecas. Las choricillas, en cambio, van de turbante y tanga de Versace, ya se sabe. Agosto es como el rey de oros del calendario. Eduardo el pintor viene y me trae el crismas de navidades, que me lo tiene pintado desde diciembre. Eduardo reparte sus crismas por agosto, que es lo normal. Eduardo, el otro pintor (están repetidos, qué le vamos a hacer), me trae también un cuadro o no me trae nada. El caso es que pasamos la tarde charlando bajo el pinabeto grande, que tiene unos siete metros, el que estuvo por caerse cuando las galernas del invierno. Bebemos poco. Ya casi nadie bebe, en mi generación, por la edad y por el infarto. He descubierto que el vino pone triste a la gente y estamos más alegres bebiendo agua y kas. El infarto dice que ahora lo van a curar con antibióticos, lo que no inventen los médicos. Las rosas están gordas como coliflores, pero a Carmen le hemos regalado tres cactus que tienen algo fálico y algo de escultura de Chillida. Chillida estuvo aquí en casa un verano y sólo bebía agua. O Antonio López, que se vino con un jamón como un violonchelo. Amo a los pintores, pero todos están un poco pallá. Estoy aquí dentro escribiendo esto y oigo el motor de Paco que está segando con su puro. Veranear es una palabra de San Sebastián y tomar vacaciones, como se dice ahora -es más fino- parece una palabra de Marbella. El sol se queda quieto, la tarde embarranca dulcemente en un acantilado de luz, la tormenta se aleja como un velero pirata. Esto debe ser algo muy parecido a la posteridad, una posteridad de clase media, con macetas y gatos aburridos. El gato, el macho, así como así, es nada menos que griego, de Rodas, la ciudad de los gatos que están siempre en el puerto esperando el pescado, según dice Alberto Portera, otro de esos sabios pobres e ilustres que vienen por aquí. He querido soñar mi verano ideal y me ha salido esto, porque mi verano ideal, o sea, resulta que está aquí mismo. Es éste, el de siempre. Dijo Voltaire, ya digo, que los hombres no somos sino judíos con prepucio. Voy a remojarme un poco el prepucio en la piscina. . La Dacha, agosto 97 . MAÑANA Martín Casariego


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