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EL ARTÍCULO [del día] 30-07-1995, EL MUNDO
Las toreras
En la Monumental de las Ventas hemos visto el decoro y la dignidad de una señorita torera, Cristina Sánchez, que encima tiene un cuerpamen y le sienta el uniforme de torero como un guante ajustado a su culo joven, a su pecho valiente, a sus piernas finas y firmes. El uniforme de torear es mayormente femenino, y por eso hay tantos sarasates y bujalences que no van a la plaza a ver los toros, sino a los toreros, como el Papa verde de todos ellos, José María de Cossío q.e.p.d. El naipe leve y recurrente de las señoritas toreras nos reparte cuando quiere la sota de espadas, y esto siempre alegra un poco la vida nacional, ya de por sí tan alegre de mentiras. Han vuelto las señoritas toreras, y mayormente Cristina Sánchez, que es la más guapa y bravita. Nunca ha salido un gran torero hembra, pero ahí está la gracia, en ir a ver a la chica, a ver si la coge el toro por el culete. Es lo que hace Felipe González los días de pleno: se viste de luces y hale, a corretear un poco con la oposición. Todos sabemos que no le va a coger el toro, faltaría más, pero gusta verle en la plaza partida por lo bien que se lo hace. Todos sabemos que miente, según las sofemasas, pero miente con brillantez. En Soria acabo de dar una conferencia contra la brillantez, que no se sabe muy bien lo que es, y que suele equivaler a engaño. Glez. se viste de señorita torera, porque el traje le sienta, y los españoles declaran que no se creen nada, pero ha salvado «el decoro y la dignidad», como Cristina Sánchez. Glez. tiene en el coso parlamentario el mismo morbo que la señorita torera en las Ventas. Sabemos que es una broma, un engaño, una fiesta venial, pero vamos a verle o encendemos la tele. Agotados todos sus recursos socialistas, democráticos, europeístas, atlantistas, justicialistas, a los que ya ni siquiera apela, lo último que le queda a Glez. es vestirse de señorita torera, que doña Carmen le ata bien los machos en la Moncloa, y salir a dar el espectáculo, esa locuacidad suya, mórbida, esa gollería de su palabra fácil, falsa, cínica y ligera. Joder qué tío. Este periódico está triunfalista, pese a las sofemasas, pero a uno le acollona que un parlamentario tan retórico y vacío como Castelar (y encima no es Castelar) se siga llevando al gentío de calle, y a los intelectuales. Los pueblos latinos necesitan ser gobernados por la retórica antes que por la política. Es el cesarismo que dejamos como herencia en América. Glez., de señorita torera, está más suculento. Tiene un polvo. El que mienta en lo de los crímenes parece que importa menos, porque nadie estuvimos en el velatorio y sólo se mueren los muertos conocidos, la gente del vecindario. Un muerto desconocido, acuchillado, sólo es una noticia. La tv. ha hecho más democrática que nunca la democracia, porque todos vemos los primeros planos de Felipe, de Valdano o del miura. Todos participamos. Dejé de ir al hemiciclo porque la realidad es en blanco y negro. La tele es en color, y por eso lo que mejor le sale son los toros. Glez., de señorita torera, da divino, tiene un revolcón, ya digo, (del toro, por supuesto). Lo cual que en los bares de Alenza y Cuatro Caminos se vio mucho la cosa. Como la de Beneficencia, antañazo, cuando rejoneaba Cayetana Alba. Esto es el eterno travestismo de España. Cristina Sánchez triunfa en las Ventas en oficio de hombre, y Glez. triunfa en las Cortes de señorita torera, y cómo se le marca todo, qué cachondos pone a los intelectuales marengo, a los canónigos de la catedral de la Moncloa y de esa otra gran catedral periodística que es El País, con sus edecanes derriñonados y lúcidos. A España se la gobierna por el oído y Glez. miente mejor que habla, habla mejor cuando miente. Suerte a Cristina Sánchez, la guapa y verriondilla señorita torera.


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